Escribo esta breve reflexión para cualquier persona que esté considerando arriesgarse y perseguir el sueño de montar su propia oficina. Hace mucho tiempo yo tuve la misma visión, pero no fue hasta febrero de este año que finalmente inicié mi práctica privada. Es poco tiempo, pero se sorprenderían de lo mucho que puedes aprender cuando toda la presión cae en ti mismo.
Primero que todo, un poco de trasfondo. Realicé mis estudios en Ciencias Políticas en la UPR Mayagüez, luego mi Juris Doctor en la Facultad de la Interamericana. Mientras estudiaba, fui paralegal en una oficina privada “boutique” y luego fui abogado interno en una oficina gubernamental. Di comienzo a esta misión sin garantías ni clientes previstos. Por ende, mi historia debe ser aplicable a cualquier persona iniciando en la profesión.
A continuación, algunas de las lecciones que he aprendido.
LECCIÓN UNO: Valora tu tiempo
Admitiré que esta lección es la que más trabajo me ha costado aprender hasta ahora. Nadie te prepara para recibir una llamada de una persona con un problema real, quebrada en llanto. Le intentas de solucionar y orientar, y luego… No vuelves a escuchar de esa persona.
¿Lo ayudaste? Maybe. Pero probablemente no, porque nunca te dan toda la información que necesitas para asesorarlos bien. ¿Quieres saber qué es mejor, tanto para ti como para el potencial cliente? Coordina una consulta.
En serio, y no se trata solamente de cobrar por tu tiempo. En vez de darle vueltas a un problema sin visión; pide que te traigan toda documentación que tengan. Sienta a la persona, escucha, verifica y entonces finalmente, asesora. De esta forma en el peor de los casos le orientaste correctamente y te quedaste con algo por tu tiempo.
Eso sí, cabe advertir lo siguiente: Cuando estás por tu cuenta, no hay salario que valga. Cada centavo tienes que ganártelo. Así que cuando vayas a invertir de tu tiempo, asegúrate de comprender el valor del mismo. Ya te fastidiaste por años estudiando para el JD y la reválida; ahora tu tiempo es tuyo, valóralo.
LECCIÓN DOS: Aprecia el silencio
Esta lección la aprendí temprano. Recuerdo los primeros días en la oficina, aún no tenía ni el letrero afuera, silencio total. ¿Mi primer instinto? Pon música. Ay, pero ¿qué música es apropiada para una oficina legal? ¿Mejor veo Netflix?
El silencio es incómodo. Es natural buscar llenar este vacío. Pero poco a poco te das cuenta de que en el completo silencio es donde aprendes a escuchar bien tus propios pensamientos. Este es el mejor momento para que fluyan tus ideas.
Por ende, recomiendo que no llenes el vacío, aprovéchalo. Piensa en tu próxima campaña de promociones. Reflexiona sobre cómo mejorar tus argumentos. Practica lo que dirás en esa vista que tienes pendiente. Vuelve a leer esos mamotretos que no tocabas desde que tomaste la reválida. Pero, sobre todo, aprecia el momento. Antes de lo que te esperas, estarás nuevamente en el caos de un caso complejo.
LECCIÓN TRES: Los colegas valen más de lo que piensas
Este asunto pensé que lo tenía claro hasta que me tocó trabajar por mi propia cuenta. Primero lo verás en las cosas más sencillas. ¿Quién te ayudó a mover los muebles? ¿A pintar la oficina? O hasta con quien consultas detalles tan sencillos como tu logo, promociones, decoración, etc.
Pero luego empiezan los casos y descubres el otro tipo de amistad que vale en el derecho. ¿A quién llamas cuando no sepas cómo atender un caso? ¿Con quién puedes intercambiar tus ideas? Y aunque parezca tonto: ¿Con quién puedes desahogar las frustraciones que surgen en esta profesión?
Cuando inicié la práctica mucha gente me preguntaba cuántos clientes tenía. En retrospección, esto nunca fue lo más importante. Sí, la clientela es lo que paga la renta, pero no hay mejor ayuda para el abogado independiente un grupo de apoyo sólido. Valora a tus colegas, son quienes te mantienen a flote en el caos del día a día en esta profesión.
LECCIÓN CUATRO: La importancia de tener buena preparación
Esta última parece obvia desde afuera, pero no les miento cuando les digo que a veces me he sorprendido a mí mismo. Recuerdo cómo me sorprendí cuando di mi primera consulta y el cliente se fue sin dudas. Cuando por primera vez me paré ante un juez y conseguí la solución que buscaba. Incluso, cuando di un curso a una clase compuesta de abogados y era yo quien tuvo que aclarar todas sus dudas.
Claro, reconozco que no alcancé estos logros por suerte, sino por mi propio esfuerzo y el tiempo que dediqué a prepararme. Si sabes que tienes una consulta o una vista pendiente, y conoces bien el tema, antes de comparecer asegúrate de dar una lectura adicional al derecho aplicable. Pregúntate a ti mismo cualquier duda que pueda levantar tu argumento. ¿Qué va a argumentar o preguntarte la otra persona?
En este sentido la profesión es como un juego de ajedrez. No puedes solamente pensar en los argumentos que quieres hacer o tu interpretación del derecho. Tienes que anticipar que obstáculos puedan surgir y tener respuesta lista para ellos. Si estableces un buen plan para cualquier contingencia, aumentas la probabilidad de lograr las metas que te establezcas.
CONCLUSIÓN
Así que… si me dices que estás considerando montar tu propia oficina: ¿Qué te diría? Excelente. Cree en ti mismo. Apuesta a ti. Pero recuerda, el éxito solo está limitado al esfuerzo que estés dispuesto a brindar.
“Soy un gran creyente en la suerte, y encuentro que mientras más duro trabajo, más suerte tengo” – Thomas Jefferson
El contenido de este escrito corresponde al Lcdo. Pedro E. Díaz García por lo que este es el pensar del letrado y no necesariamente el de Entre Colegas en cuanto al asunto. Para contactarlo pueden comunicarse al 787-668-5767 o escribirle al info@pdglawpr.com
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